Guillermo Méndez
Entrevista con el profesor Guillermo Méndez

Manipular significa producir

En épocas en que se discute el margen de credibilidad que gozan los medios, surgen diferentes opiniones a la hora de definir con qué grado de objetividad trabaja el periodismo y qué intrincados procesos de producción se aplican en elaboración del material periodístico. En esta entrevista, el profesor Guillermo Méndez, quien dicta la materia Semiología, analiza diferentes aspectos vinculados a la manipulación de la información.

–¿Podría definir el concepto de manipulación?

Cuando se habla de manipulación, este término conlleva generalmente una connotación de carácter negativo. La gente suele interpretar la manipulación como una elección deliberada del engaño para lograr una lectura falsa de la realidad. Pero desde el punto de vista semiótico esto no es así porque la manipulación es algo inexorable. No hay posibilidad de no manipular del mismo modo que no existe la objetividad absoluta. Lo que sí existen son diversos grados de subjetividad. Y aún cuando el periodista intente acercarse a un máximo de objetividad, también manipula porque está orientando el material desde una perspectiva que considera éticamente procedente.

–De manera que la manipulación puede ser lícita

–Pensemos que la información periodística no se imparte por sí misma; tiene que haber un canal, y el periodista es como un partero porque la comunicación no se autogesta. Es decir, que al intervenir en ella, la modela. La manipulación puede ser positiva o negativa, pero es inexorable, porque manipular significa producir, en términos periodísticos. ¿Cuál es la tarea creativa de un periodista? La manipulación que permite producir una información y hacerla accesible al público. Pero que quede claro que la manipulación es múltiple y que, por lo tanto, ésta puede ser utilizada bien o mal, con o sin ética. Esta capacidad modeladora del periodismo puede aplicarse en pro de valores éticos o de la mentira, del amarillismo, de la creación de cortinas de humo o bajadas de ideología.

–¿En qué consiste manipular una información?

Toda pieza informativa que se constituye en materia prima periodística tiene distintas fases de producción y en cada una de ellas está presente la manipulación. La primera fase será la selección y descarte del material y la jerarquización del mismo, es decir, en qué orden y lugar será ubicado. Luego habrá una etapa de producción en la que se decidirá la cobertura que se le da, poniendo el acento en el discurso y los distintos matices, tonos y extensión; y, finalmente, se llegará a la fase de postproducción en la que se terminará de editar la noticia. En todas estas etapas la noticia se va manipulando y adaptando al formato periodístico que se desea lograr y los recursos cambian conforme al medio periodístico y su soporte. De modo que no es posible hablar en términos periodísticos de una noticia que no haya sido manipulada porque siempre hay un trabajo a partir del cual se imprime una tonalidad y se elige dónde y cómo poner el acento. En realidad si la noticia está captada desde un lugar profesional, está captada en pro de las manipulaciones de postproducción. Es lo que suele denominarse material de cobertura.

–¿Qué fines se persiguen con las manipulaciones negativas?

–Tomemos el amarillismo. Uno de sus fines es saciar determinados tipos de modalidad de consumo. Paradójicamente, creo que cuando se satura de amarillismo y éste se hace cada vez más evidente, de alguna manera resulta finalmente "inocente" el mensaje porque queda muy expuesto. Es casi una ley pragmática que dice que cuanto más explicita es la manipulación en una dirección determinada, más honesta es porque ya estamos advertidos.

–Entre la radio, la gráfica y la televisión, ¿en cuál de ellos se aprecia un mayor grado de manipulación?

–Si bien hay manipulación en todos ellos, desde mi punto de vista el medio de mayor capacidad de manipulación es la televisión. Esto se debe a que en el medio televisivo se conjugan todos los lenguajes: sonido, texto e imagen. Esta multiplicidad de recursos produce una potencialidad manipuladora mayor que en otros medios. Además es el medio más consumido masivamente, y consecuentemente entran a jugar un cúmulo de intereses económicos ligados al rating. Por consiguiente, la televisión está obligada a mantener y aumentar su audiencia. A partir de allí se generan manipulaciones salvajes que muy pocas veces responden a criterios de seriedad, de formación y ética. El criterio es el consumo porque hay condicionantes económicos mucho más fuertes e insoslayables.

–Usted mencionó la ética. ¿Qué lugar le queda dentro del proceso de manipulación?

–En determinados medios es imposible. Quizá en el medio gráfico se manejen parámetros más estrictos, las presiones sean diferentes y el periodista no está tan expuesto. Además, en la gráfica las presiones no son tan cambiantes porque no hay un "zapping gráfico". Las modalidades de consumo son más tradicionalistas. En la televisión hay un vértigo diario; más que ética hay una necesidad de mantener los espacios en el aire y esto implica pagar un costo ético, a veces muy elevado. Esto no quiere decir que el periodista no tenga una ética, sino que acaso no pueda ejercerla si no consigue los resultados de rating que el canal espera. Un ejemplo es el programa de Mariano Grondona. Él tuvo que adaptar su estilo de seriedad e incorporar informaciones más triviales para mantener su audiencia.

–¿Cómo operan estos mecanismos en el público?

El problema radica en que se genera una educación a partir de los medios. Y si el público se acostumbra a un determinado estímulo, no acepta cambios tan fácilmente. Quien ve televisión consume el medio en forma diaria e interrumpida y no le resulta posible concientizar las manipulaciones y las cargas de contenido que recibe. Actualmente, un medio como la televisión ha farandulizado casi toda su programación. Como dice Umberto Eco, existe una hibridización de los géneros televisivos: el noticiero, entonces, tiende a ficcionalizarse y los productos ficcionales tratan de asumir trazas de realismo. Por eso está en declive la telenovela clásica. En resumen, es muy difícil para el televidente discernir entre lo que es la materia prima real de información y qué recibe de manipulación.

–¿Cuál es la salida para los periodistas en este marco informativo?

–Me parece que como periodistas deberán tomar conciencia de la inexorabilidad de la manipulación y de que la objetividad no existe. Por lo tanto, el profesional siempre tendrá que tomar un partido ético, conceptual, informativo. Desde esta conscientización, la manipulación se producirá pero con un grado adecuado de discernimiento en lo que se hace, sin creer en la objetividad absoluta. A partir de aquí el periodista sabrá que cada decisión que toma en cada fase del proceso informativo implica una carga semántica. No hay discurso de grado cero ni neutralidad. Cada decisión alterará la pieza informativa y en este sentido habrá que ser cuidadosos para que exista una elección consciente y pensada. En tanto este proceso implica una responsabilidad sería lamentable manipular inconscientemente. Como consejo, les diría a los estudiantes de periodismo que esta inevitable manipulación vaya orientada hacia una dirección absolutamente elegida sobre la base de un profundo auto análisis y reflexión en la construcción. De ser posible, les diría que eviten el apresuramiento que lleva a manipulaciones indeseables e indeseadas y, muchas veces, no conscientizadas.